EDITORIAL
El docente como investigador: una práctica
aún por visibilizar
Luis Manuel Barrios Soto
IED La Salle e Institución Universitaria de Barranquilla, Colombia
https://orcid.org/0000-0002-5148-2017 email: lmbs19@hotmail.com
DOI: https://doi.org/10.5281/zenodo.15665485
El rol del docente en el proceso de enseñanza y aprendizaje es, sin lugar a duda, fundamental.
Más allá de transmitir conocimientos, asume una función activa como diseñador de experiencias
significativas, organizador de estrategias didácticas y mediador entre el contenido y el contexto del
estudiante. En este marco, el educador no solo enseña, sino que también innova, crea y adapta
recursos con el propósito de fomentar el desarrollo de competencias clave en sus educandos.
Sin embargo, pese a este esfuerzo creativo y constante, muchas de estas prácticas
pedagógicas transformadoras permanecen invisibles. Esto se debe, en gran parte, a la falta de
dominio en los procesos de sistematización y publicación de las experiencias educativas. Esta
situación plantea una importante necesidad: empoderar al educador no solo como profesional de
la enseñanza, sino también como generador de conocimientos. Visibilizar sus prácticas,
sistematizar sus experiencias y compartir sus hallazgos debe ser parte del compromiso educativo,
no solo para enriquecer su profesión, sino también para contribuir a la mejora del sistema educativo
en su conjunto. Reconocer al docente como sujeto investigador implica también otorgarle el
espacio, la formación y el acompañamiento necesario para que su voz tenga presencia en los
ámbitos académicos y científicos.
Frente a este panorama, es urgente replantear las condiciones que rodean la formación
investigativa del docente, ya que la transformación educativa requiere del trabajo colaborativo
entre instituciones y colectivos de educadores, a través de proyectos que respondan a las realidades
del entorno y que tengan una visión de impacto a mediano y largo plazo. Este enfoque no solo
demanda voluntad institucional, sino también un compromiso genuino por investigar su práctica,
sistematizar sus experiencias y contribuir al cuerpo de conocimiento pedagógico desde sus propias
realidades.
En este sentido, surge una pregunta fundamental: ¿están los educadores latinoamericanos
investigando y publicando sus resultados? Esta interrogante, más allá de ser retórica, invita a
revisar las condiciones que rodean el quehacer docente y analizar el papel del profesional en
educación como investigador para reconocer las múltiples tensiones entre la vocación, la práctica
y las exigencias del sistema educativo.
Invito a reflexionar sobre el rol del docente como investigador. Esta reflexión no solo
pretende analizar el estado actual, sino también abrir un espacio para pensar en la necesidad de
formar y acompañar a los docentes en procesos de investigación que sean significativos,
contextualizados y socialmente relevantes. De esta manera será posible disminuir la brecha entre