Páez, Rondón y Trejo / Esperanza de vida en el estado Mérida, Venezuela, en tiempos de crisis humanitaria
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1.- Introducción
Durante el siglo XX Venezuela experimentó, al igual que un gran número de países a escala
mundial, importantes transformaciones demográficas que marcaron la evolución de su población.
Una de esas transformaciones estuvo relacionada con la transición de la mortalidad enmarcada en
el contexto de la denominada Transición Demográfica, es decir, el paso de elevadas a bajas tasas
de fecundidad y mortalidad.
Es así como la mejora progresiva en las condiciones de vida de la población venezolana
(alimentación, vivienda, trabajo, ocio, relaciones familiares, comunicación, entre muchos otros
aspectos) derivó en cambios en sus niveles de salud que han afectado, además, a sus experiencias
y expectativas ante la muerte (Bolívar, 2008). El pausado pero contundente control sobre la misma
constituye uno de los procesos sociales más destacados en el mundo, si no es el más sobresaliente,
entre los que han tenido lugar a lo largo de los últimos tres siglos (Jiménez, 2011); por lo que al
conjunto de cambios que se han observado en la contabilidad general de la muerte, se les ha
denominado Transición de la Mortalidad (Haines, 2002), evolución a la cual no escapó Venezuela
y por supuesto cada una de las entidades federales que la conforman, como por ejemplo el estado
Mérida, contexto espacial en el cual se centra esta investigación.
Diversos estudios dan cuenta de aquella transición en el país a lo largo del siglo XX (López,
1962; López, 1968; Chen y Picouet, 1979; Bolívar, 1994; Freitez, 2003; Bolívar, 2008; Yépez,
2014; Páez, 2018), mediante la estimación y el análisis de distintos indicadores que habitualmente
se utilizan en el abordaje de la mortalidad como proceso demográfico: tasa bruta de mortalidad,
tasas de mortalidad por edad y sexo, tasa de mortalidad infantil y la esperanza de vida. Es
precisamente en este último donde el presente trabajo concentra su atención.
La esperanza de vida (℮) se refiere al número promedio de años que se esperaría pueda vivir
un individuo bajo el comportamiento (en el momento de su estimación) de las tasas de mortalidad
por edad, o según edad y sexo si es el caso. Esto quiere decir que la ℮ va a depender de los niveles
numéricos que experimenten dichas tasas en un tiempo y espacio considerado. Si las tasas
descienden, la ℮ aumentará, si por el contrario aumentan, la ℮ descenderá. De allí que exista una
relación inversa - proporcional entre las tasas mencionadas y la ℮.
A su vez, el descenso o aumento de las tasas de mortalidad va a depender de la evolución de
la realidad social de una región o país. Entendiendo como realidad social al contexto o situación
sistémica conformada por un conjunto de ámbitos (demográfico, económico, cultural, político,
institucional, ambiental, sanitario, entre otros) que se interrelacionan en tiempo y espacio, y que
caracterizan y definen la dinámica de una sociedad. De manera que, si esa realidad en un momento
dado exhibe una combinación particular de ciertos aspectos negativos para la población en general
o factores de riesgo inmediato de mortalidad y morbilidad (Bayard, 2016), tales como: interrupción
de los servicios de salud y disminución del acceso a éstos, exposición a la violencia y otros eventos
traumáticos, alta exposición a vectores de enfermedades, cobertura de vacunación insuficiente,
factores ambientales (reducción del acceso al agua potable y al saneamiento), acceso insuficiente
a alimentos y baja ingesta de nutrientes, entre otros; es probable que las tasas de mortalidad
asciendan y por ende la esperanza de vida retroceda. Si, por el contrario, el comportamiento y
tendencias de esos aspectos apuntan de manera positiva, las tasas de mortalidad descenderán y
la esperanza de vida aumentará.
En otras palabras, si esa realidad social exhibe dichos aspectos negativos, entonces es posible
que estemos en presencia de una situación de crisis humanitaria. Concebida para efectos de esta
investigación como “aquella situación en la que existe una excepcional y generalizada amenaza a
la vida humana, la salud o la subsistencia” (Cañadas et. al., 2010: 115).