Interacción y Perspectiva. Revista de Trabajo Social Vol. 12 No 2 / julio-diciembre, 2022
125
dictaron clases durante la aplicación de la encuesta y para ello, se utilizaron gráficas de
barras y el diagrama de cajas, medidas de margen de la diferencia y el cociente de
posición, apoyados en la variable correspondiente a estudiantes que lograron cursar
alguna asignatura durante el año 2020.
Adicionalmente, se utilizaron el coeficiente de variación, el índice de Percy-Keppel,
índice de desigualdad de la pendiente, el índice relativo de Kunst y Mackenbach, en
aquellos indicadores que posibilitaron comprender las condiciones que condujeron a
cierto número de estudiantes a un mayor acceso a la educación virtual durante la
pandemia por COVID-19. En el cálculo de cada una de estas medidas se utilizó el módulo
de “Medición de las desigualdades en salud” contenido en el Programa Epidat 4.2 de la
Xunta de Galicia y con apoyo de la Organización Panamericana de la Salud.
3. Algunas referencias sobre las desigualdades en la educación superior
La educación virtual, para efectos de este estudio, es entendida como “aquellos
programas de formación que tiene al ciberespacio como escenario para que ocurra el
proceso de enseñanza y aprendizaje, sin un encuentro cara a cara entre el estudiante y
el profesor” (Nagles, Mejías y Colab, 2017 citado por OBU 2020).
Para garantizar este proceso bajo la modalidad virtual es indispensable abordar los
retos asociados a la digitalización de los servicios educativos, así como la disponibilidad
y acceso a herramientas tecnológicas, principalmente en contextos de hogares
vulnerables (Dussel, Ferrante y Pulfer, 2021, p 76). La falta de oportunidades reales
para el acceso a herramientas digitales se transforma en un factor generador de
desigualdades; no contar con ellos incide en brechas cada vez mayores entre quienes
tienen oportunidades y acceso a recursos y quienes no los tienen.
La globalización y las nuevas dinámicas promovidas con los usos de las tecnologías
de información y comunicación ha generado nuevas realidades que se han transformado
en mayor inclusión y capacidad de atención a poblaciones excluidas, pero también ha
introducido una nueva variable a las formas de exclusión social. “En definitiva, la
capacidad integradora de la red es tan exhaustiva como el potencial de exclusión para
quienes no acceden a ella…” (Calderón, 2014 p.08)
La Comisión Económica Para América Latina y el Caribe, define varios tipos de
desigualdades sociales; de género, étnicas y raciales, aquellas desigualdades
relacionadas con el ciclo de vida (infancia, juventud y adultos mayores) y las expresadas
en el territorio (CEPAL, 2016). De tal forma que el acceso a las Tics para acceder o
continuar el ciclo educativo, agrega una nueva dimensión a la ya basta complejidad de
la desigualdad existente en el subcontinente. Previo al COVID-19, el informe Horizon
2019 había definido como un desafío “muy difícil” de solucionar al acceso seguro a la
web sobre todo en las áreas rurales y en la actualización del informe para el 2021 se
reconoce la profundización de las diferencias en el contexto de la pandemia (EDUCASE,
2019).
Formar parte del sistema educativo a nivel superior en la región latinoamericana es
cuestión de privilegio. A la falta de cobertura se le agrega la posibilidad de permanecer