Interacción y Perspectiva. Revista de Trabajo Social Vol. 13 N
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2 / julio-diciembre, 2023
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necesario por no identificarse los hombres como “gays” ni “prostitutos”, y pensar que el
VIH es una infección que solamente afecta a estos colectivos (Ramírez et al., 2011).
Desde el punto de vista de género, los trabajadores sexuales cuyos países de origen
estigmatizan la homosexualidad, se muestran ellos mismos como heterosexuales y ligan
la masculinidad al papel activo y la fortaleza, mientras que la feminidad la asocian al
papel pasivo y a la debilidad, englobando en este grupo a las mujeres y a los
homosexuales (Salmerón, 2011). Muchos de ellos, responden a un sistema sexo/género
excluyente y dual: hombre/mujer, heterosexual/homosexual, activo/pasivo,
normal/desviado, como forma de pensamiento dominante, rígido e inflexible (Gómez
Suárez, 2009).
En la mayoría de sociedades, el sexo anal se asocia a una pérdida de la masculinidad,
debido a la visión heteronormativa que adopta los roles estereotipados que existen en
la sociedad, según los cuales, el penetrado, pasivo, pasa a quedar sometido por quien
le penetra, activo. Según este enfoque de la masculinidad, el rol masculino será el del
activo, amo, macho dominante, rudo y viril, mientras que el femenino será el del pasivo,
afeminado, sumiso y dependiente. En este sentido, el hombre que adopta un papel
pasivo en las relaciones anales, asume una descalificación social que lo degrada y lo
estigmatiza (Roig, 2016).
En el estudio realizado por Jacques-Aviñó et al. (2019) con trabajadores sexuales en
una sauna gay, los chicos entrevistados (10), afirman que los clientes buscan hombres
con rasgos tradicionalmente varoniles, modelos masculinos que respondan a criterios de
belleza relacionados con la fuerza y la juventud. El Trabajo Sexual se articula en base a
una masculinidad caracterizada por tener múltiples parejas sexuales, una apariencia viril
y la capacidad de generar dinero como estrategia para alcanzar estatus. Este patrón
responde a un modelo cultural hegemónico asociado a la dominación, al ascenso social
y a ocupar posiciones de jerarquía. La hipermasculinidad exagera lo que considera como
“lo masculino”, tanto en el cuerpo como en el comportamiento, con tendencia a la
rudeza, la violencia y la agresividad (Ramírez y García Toro, 2002). Los TSM que se
presentan desde un modelo heterosexual alimentan la fantasía erótica de una
masculinidad fuerte y protectora. Es más, en la iconografía gay, una parte importante
de los textos dan cuenta de que el culto homofóbico de la virilidad no es una especificidad
heterosexual.
El objetivo del este artículo es caracterizar de forma general los rasgos más
destacados de los trabajadores sexuales masculinos en España en la época de la
pandemia del Covid-19. Esto abarca aspectos físicos, orientación sexual, origen
geográfico y étnico, motivación y causa para ejercer esta actividad, servicios ofrecidos
y relación con el cliente, etc. Todo esto se investigará analizando una serie de páginas
webs donde publican sus anuncios y, para completar la información, expondremos los
resultados de unos relatos de vida, por medio de unas entrevistas realizadas a unos
trabadores que ejercen su actividad en diferentes ciudades de España.