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Julio-Diciembre 2023
Vol. 13 No. 2
Moraña Boullosa, Verde-Diego y Pastor Seller / Sentimiento de abandono en personas extuteladas en España
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Interacción y Perspectiva Dep. Legal pp 201002Z43506
Revista de Trabajo Social ISSN 2244-808X
Vol. 13 N
o
2 158-180 pp. Copyright © 2023
Julio-diciembre
ARTÍCULO DE INVESTIGACIÓN
Sentimiento de abandono en personas extuteladas en España/DOI:
10.5281/zenodo.7812159
Alba Moraña Boullosa* Carmen Verde-Diego** y Enrique Pastor Seller***
Resumen
Se ha investigado el concepto de abandono a través de la percepción de personas
extuteladas del sistema de protección en España, focalizando el análisis de este en tres
momentos cruciales: la separación de los menores del núcleo familiar de origen, el
período de estancia en el centro de protección, y la salida del centro y del sistema de
protección. Se realizaron entrevistas semiestructuradas a ocho personas que estuvieron
en acogimiento residencial, al menos dos os, desde 1990 y hasta la actualidad.
Transcritos los relatos se plasman a la luz de tres categorías preeminentes en las
historias de vida de los protagonistas: 1) el abandono inicial (físico) por parte de la
familia y la entrada en el centro de protección; 2) el abandono emocional durante la
estancia en el mismo; y 3) el abandono institucional a la salida del sistema. Los
entrevistados se han sentido abandonados por sus familias, pero también por el sistema
de protección, quien los ha desvalorizado y no les ha prestado suficientes apoyos. La
experiencia vivida ha provocado en las personas tuteladas un fuerte impacto emocional
que persiste en la edad adulta. Se concluye que, el sentimiento de abandono tanto
familiar como institucional está omnipresente en la vida de todos los entrevistados y en
toda la secuencia temporal de sus acogimientos, sin que ello se modifique desde las
experiencias de 1990 y hasta las últimas de 2020. Se proponen algunas alternativas
como medidas de acogimiento residencial o potenciar la figura de la parentalidad
profesional.
Palabras clave: Centros de Protección; acogimiento residencial; bienestar infantil;
abuso infantil; negligencia; desordenes emocionales.
Abstract
Feeling of abandonment in people formerly in foster care in Spain
The concept of abandonment was researched through the perceptions of people formerly
in the foster-care protection system in Spain, focusing the analysis on three crucial
moments: the separation of minors from their nuclear family of origin, the duration of
their stay in the protection center, and the departure from the center and the protection
system. Semi-structured interviews were conducted with eight people who had been in
residential foster care for at least two years between 1990 and today. The transcribed
stories depict three predominant categories in the life histories of the protagonists: 1)
initial (physical) abandonment on the part of the family and entry into the protection
center; 2) emotional abandonment during the stay; and 3) institutional abandonment
upon exiting the system. The interviewees felt abandoned by their families, but also by
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the protection system, which devalued them and failed to provide them with sufficient
support. The lived experience during their foster care caused a strong, emotional impact
that lasted into their adult years. The feeling of abandonment, both on a family and
institutional level, is pervasive in the lives of all the interviewees in all moments of their
foster care and has not changed since their experiences in 1990 up to the most recent
experiences in 2020. Several alternatives to this abandonment feeling by foster-care
individuals are proposed, including measures such as reinforcing the figure of
professional parenting in residential foster care.
Keywords: Protection centers, residential foster care, child welfare, child abuse,
neglect, emotional disorders
Recibido: 31/02/2023 Aceptado: 15/03/2022
*Educadora social. Profesora en ciclos formativos de grado medio y superior en Atención a Personas en
Situación de Dependencia e Integración Social. Colegio Lar. España. 0000-0001-7604-5043. Correo
electrónico: Alba.morana@colegiolar.es
**Trabajadora social. Profesora Titular en la Facultad de Educación y Trabajo social de la Universidade de Vigo
(España). 0000-0001-7109-4321. Correo electrónico: carmenverde@uvigo.es
***Trabajador social. Catedrático de Universidad en la Facultad de Trabajo social de la Universidad de Murcia.
España. 0000-0001-8693-5138. Correo electrónico: epastor@um.es
1.- Introducción
1.1. Escuchar a las personas extuteladas
Las historias de vida de las personas que en su momento fueron niños, niñas, o
adolescentes (NNA) tutelados por parte del Estado a través de una medida de
acogimiento residencial, está atravesada por el sentimiento de abandono. Éste aparece
en el momento de la separación de la familia de origen y permanece al entrar en un
centro de protección a la infancia durante la estancia y hasta después de la salida de
éste. Hemos indagado de qué forma expresan este abandono ocho personas extuteladas
del sistema de protección español a través de sus relatos.
La investigación parte de la necesidad de monitorizar a personas extuteladas por el
sistema de protección a la infancia y la adolescencia para testar su buen funcionamiento
e ir corrigiendo sus posibles deficiencias (Cabrera et al., 2020; Sanz, 2019). Pero
también a través de esta investigación se pretende resarcir a aquellos NNA del
sufrimiento infringido en su infancia o adolescencia otorgándoles un espacio para
expresar su voz, devolviéndoles el protagonismo y el valor de sus experiencias y
conocimientos vitales que es habitualmente de-preciado o des-preciado: "Es un saber
invisibilizado (descalificado) por las instituciones" (Silva, 2019:142).
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Los protagonistas de esta investigación han sido víctimas de las circunstancias de
sus progenitores (yonkis
1
, alcohólicos , madres con graves problemas de salud
mental…), pero también lo han sido del abandono social e institucional: ¿cómo
comprender que nadie preguntase a aquel niño por qué gritó en la iglesia que jamás
había recibido un beso de sus progenitores?; ¿cómo entender que nadie se diese cuenta
de la grave enfermedad mental de la madre de otro, quien por ello era negligente en su
cuidado?; ¿Por qué nadie les ha preguntado a estos niños, niñas y adolescentes sobre
sus vidas pasadas o sobre sus proyectos futuros durante su acogimiento residencial?
Han sido seres cuyos anhelos han sido cercenados por “el sistema”.
En España, corresponde al sistema de servicios sociales la protección de la infancia
y de la adolescencia. Los servicios sociales “primarios”, asociados a las municipalidades,
ofrecen programas de atención y apoyo a las familias y a la infancia que se encuentra
en situación de riesgo en su propio hogar. Cuando la familia no puede o no colabora en
la mejora de la situación, los servicios sociales de atención primaria derivan los casos a
servicios sociales especializados en menores de edad que acreditan que la situación de
riesgo se ha agravado a una situación de desamparo (Autor, 2020). Cuando el
desamparo es decretado existen distintas medidas para proteger a los menores de edad:
se les puede trasladar al hogar de alguno de los miembros de su familia extensa si ello
es idóneo para el menor; se puede proponer el acogimiento en una familia ajena a la
suya; o, en última instancia, se puede establecer una medida de acogimiento residencial
enviando a estos niños, niñas y adolescentes a centros de protección. (Autor, 2019)
A pesar de que el acogimiento residencial debe ser la última medida a tomar para la
protección de la infancia, desgraciadamente en España es la más utilizada ya que
escasean las posibilidades de fórmulas alternativas de protección como la existencia de
suficientes familias acogedoras ajenas que se hagan cargo de los menores.
1.2. Los modelos residenciales desde la democratización de España
Algunos participantes de esta investigación se incorporaron a los centros de
protección españoles en 1990 mientras que otros salieron de ellos en 2020. No se puede
obviar que sus experiencias tienen distintos referentes en estas tres décadas. En 1990
el modelo residencial de protección a los menores de edad en España todavía respondía
a propósitos benéfico-asistenciales implementados en macro-instituciones. No es de
extrañar que un entrevistado las denomine “ciudades”. En estos macrocentros ejercían
profesionales sin cualificación específica cuyo objetivo era cubrir las necesidades básicas
a los residentes hasta su adultez para “devolverles” a la sociedad. Este modelo concebía
a los internos como víctimas pasivas a las que asistir, desde una perspectiva
adultocéntrica, entendiendo por la misma la “que menosprecia como “irracional”,
“inmaduro” o carente de valor toda forma infantil de pensar y razonar” (Liebel, 2015:57).
1
Tal como los informantes les denominan. Los “yonkis”, en el argot castellano, son personas
drogodependientes de la heroína que se inyectan esta sustancia.
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A este modelo residencial le siguuno más familiar” configurado por “hogares” de
menor dimensión, con profesionales que intentaron, en la medida de lo posible, ejercer
el rol parental para suplir las carencias de crianza y educación de las familias. En
definitiva, este modelo pretendió “compensar” las carencias de la familia (negligente o
inexistente) de origen. Actualmente el modelo es más especializado” respecto de las
características de los acogidos y de la formación de los profesionales. Esto es, es un
modelo más centrado en la persona y en sus peculiaridades (problemas de salud mental,
menores extranjeros solos, embarazos adolescentes, etc.), para lo cual se precisa de
profesionales más cualificados (Del Valle, 2009; Autor, 2022)
1.3. El abandono en la infancia y la adolescencia
Cuando Bowlby (1977) investigó los afectos en la infancia descubrió que a medida
que los vínculos afectivos se desarrollan y van generando apego, aparece en el infante
la amenaza de pérdida de la figura querida, lo cual le provoca, entre otros, sentimientos
de ira, tristeza, pena y rabia. La Teoría del Apego de Bowlby permite interpretar que una
de las materializaciones más desgarradoras del miedo a la pérdida es el abandono, un
fenómeno traumático caracterizado por “la ruptura de los vínculos de la familia del
menor, dejándolo librado a su suerte” (citado en Rojas et al., 2021:199).
Fortson et al. (2016) definen el abandono como la ausencia de cobertura de las
necesidades físicas y emocionales de la persona menor de edad. Normativamente, en
España, y según refiere el artículo 18 de la Ley 26/2015, de 28 de julio, de modificación
del sistema de protección a la infancia y a la adolescencia, el abandono es una de las
causas para decretar una situación de desamparo en la infancia o en la adolescencia.A
pesar de la multitud de estudios destinados a clarificar el concepto de abandono, son
escasas las investigaciones que se centran específicamente en las consecuencias de este
siendo mucho s abundante la literatura en relación con el maltrato físico o el abuso
sexual (Moreno, 2004; Sanín, 2013).
En lo que respecta al impacto del abandono destaca el estado de la cuestión realizada
por Sanín (2013) y los estudios -por orden cronológica- de Ruíz y Gallardo (2002);
Bascuñán y González (s.f. citado en Sanín, 2013), Govindan et al. (2010); y Gómez y
Zanabria (2010), los cuales indagan sobre las consecuencias del abandono vinculado
con la trayectoria de institucionalización de NNA.
1.4. El sentimiento de abandono en el sistema de protección
La entrada de un NNA en el sistema de protección, cuando conlleva medidas de
separación de progenitores/tutores, supone un abandono prematuro del núcleo de
convivencia familiar, del agente primogénito de socialización, imitación y pertenencia. Si
además la medida aplicada al NNA es la del acogimiento residencial, la más común en
España, se producen profundos cambios en los vínculos intrafamiliares (Martínez y
Arregui, 2014; Gómez y Zanabria, 2010).
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La cotidianeidad doméstica supone, además de un espacio de afectos entre los
miembros de la familia, el acceso a distintos espacios del hogar, disponer de intimidad
en un dormitorio propio, la oportunidad para la imitación de hábitos como realizar la
compra (Sala-Roca, 2019), cocinar, cuidar de una mascota (Balsells et al., 2019),
compartir con hermanos/as, etc. Todo esto desaparece en el acogimiento residencial,
máxime en los macrocentros.
Incluso se ha llegado a constatar el olvido de la familia fomentado por las propias
instituciones al considerar perjudicial que los NNA mantengan contacto/dependencia
emocional con su grupo familiar (Sanín, 2013). Esta cuestión ha llevado a Bascuñán y
González a preguntarse “¿Cómo se olvida?, ¿Cómo molesta y duele lo infantil depositado
en instituciones al cuidado de niños cuyos padres han caído en su función?” (citado en
Sanín, 2013:109)
Eluvathingal et al. (2006) relacionan la desvinculación emocional de los tutelados
con su familia con posteriores dificultades neurocognitivas y conductuales. Todas las
investigaciones reiteran que la separación de la familia vernácula y la entrada a un centro
residencial, aun siendo de protección, supone un gran impacto para los NNA. Govindan
et al. (2010) identifican privación social temprana provocada por la separación del hogar
de origen. Otras investigaciones constatan que un mayor tiempo en instituciones
correlaciona con mayores dificultades en el desarrollo socioafectivo (Groack y McCall,
2011; Martín et al., 2020; Simo y Cid, 2018); mayores déficits (Fernández et al., 2009;
Moretti y Torrecilla, 2019); y una mayor propensión a ser víctimas de violencia
(Hermenau et al., 2015; Hermenau et al., 2017; Wright, 2019).
Todo ello pone en entredicho la adecuación y eficacia de la medida de separación de
los NNA de sus familias, considerándola en algunos casos más perjudicial que la propia
permanencia en el núcleo convivencial de origen (Sala-Roca, 2019). El impacto de esta
separación, entendida como un abandono de carácter familiar, tiene efectos irreparables
en las personas tuteladas.
Las alternativas que se proponen al acogimiento residencial son, entre otras, el
acogimiento familiar (Gypen et al., 2017; Hermenau et al., 2017; Moretti y Torrecilla,
2019) y el desarrollo de nuevos roles profesionales en los centros como figuras de
parentalidad profesional (Sala-Roca, 2019) y tutores/mentores que acompañen en la
salida del sistema de protección y en la inserción social.
1.5. Las dificultades de los tutelados en la salida del sistema
Mientras que en España la edad media de emancipación de los jóvenes de los hogares
de sus progenitores se encuentra en los 29.8 años (Eurostat, 2022) la edad de
emancipación de los jóvenes tutelados/as se ubica entre los 16-21 años, lo que supone
un proceso vital de transición inacabada (Cuenca et al., 2018).
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Al estrés normal propio del paso de la juventud a la adultez, los jóvenes tutelados
deben añadir la presión que supone el hecho de que los apoyos institucionales que están
recibiendo tengan una fecha de caducidad, en general, al llegar a la mayoría de edad:
su transición a la vida adulta se realiza con celeridad, de forma abrupta, y con toma de
decisiones “urgentes”. (Autor, 2022)
A todo ello hay que sumarle que, al contrario de lo que sucede en ambientes de
crianza familiares, los NNA procedentes del sistema de protección no experimentan
generalmente una continuidad en la relación con sus figuras educativas referentes una
vez han salido del entorno institucional, lo que vuelve a generar sentimientos de pérdida
(Wright et al., 2019) cronificando, de este modo, la sensación de abandono de personas
de referencia en sus trayectorias vitales.
Las consecuencias de este “abandono institucional” son atroces para la integración
sociolaboral de las personas extuteladas, las cuales alcanzan una significativa
representatividad en las estadísticas europeas de desempleo y pobreza (Alonso et al.,
2017; Goig y Martínez, 2019). Según Cabrera et al. (2020) tan solo un 25% de los
extutelados afirma tener empleo y, en más de la mitad de los casos, se ven obligados/as
a sobrevivir con menos de 400€ mensuales
2
, lo que les empuja a retornar al hogar
familiar de origen, incluso cuando las condiciones de este no sean propicias para su
bienestar personal. La ausencia de apoyo social que los catapulta a retornar al hogar
originario (Comasólivas et al., 2018; Cabrera et al., 2020; Goig y Martínez; 2019;
Melkman, 2017) acomo el estigma social que rodea a los extutelados (Wright et al.,
2019) dificulta su adaptación psicosocial.
Existen iniciativas tendentes a mejorar la situación de estos jóvenes en el momento
de su transición a la vida adulta como el Plan de Autonomía Personal 16-21 de la
Comunidad Autónoma de Madrid, el Área de Apoyo a los Jóvenes Tutelados y Extutelados
de Catalunya, la Federació d'Entitats amb Projectes i Pisos Assistits de las Islas Baleares,
o los pisos de transición a la vida autónoma del Instituto Galego de Xestión para o
Terceiro Sector en Galicia, pero son insuficientes. Tampoco las propuestas legislativas
recientes como la Ley Orgánica 8/2021, de 4 de junio, de protección integral a la infancia
y la adolescencia frente a la violencia nombra a los NNA acogidos o extutelados. (Sala-
Roca, 2019)
2.- Metodología
La investigación analizó el sentimiento de abandono por parte de personas que han
vivido en acogimiento residencial y su impacto en sus trayectorias vitales, a través del
enfoque de sus protagonistas. Se estructuró en un estudio de casos ltiples, de
carácter confirmatorio, de forma que se pudo inferir a partir de los relatos de los
informantes aspectos que constatan el impacto y los efectos del abandono.
2
El salario mínimo interprofesional en España, a inicios del año 2023, es de 1080 €/mes.
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La investigación se reali en varias fases. Se efectuó una extensa revisión
bibliográfica para construir el marco teórico y se buscaron, de forma intencional, a los
informantes. Los criterios de inclusión de la muestra fueron: a) haber sido menores de
edad con una medida de acogimiento residencial; b) no inferior a dos años. Para el inicio
de contactos se empleó la técnica del “vagabundeo” por parte de la primera autora de
este trabajo, definida por Goetz y LeCompte (1988:89-90) como:
Es un proceso para iniciar los contactos informales en el campo de cara a obtener
una representación vivida de la población que va a ser objeto de estudio.
Vagabundear implica situar aquello que es común; informarse sobre los
participantes, aprender donde se reúnen, registrar las características demográficas
de un grupo de estudio, construir mapas sobre la disposición física de un lugar, y
establecer una descripción del contexto de los fenómenos o procesos particulares
objeto de consideración.
Localizar a informantes idóneos supuso meses de indagación. Alcanzar confianza
suficiente con cada uno de ellos como para realizar entrevistas en profundidad grabadas,
también. Se dio por finalizado el proceso con la saturación de la información.
Tabla 1
Datos de la selección muestral
Sexo /
Género
Edad
ingreso
Año de
ingreso/ Año
de salida
Edad egreso
masculino
13
1995- 1999
17
masculino
8
1995-2005
18
masculino
6
1995- 1998
9
masculino
4
1994-1997
7
femenino
16
2018-2020
18
masculino
10
2000-2008
18
masculino
7
1990-1999
16
masculino
16
2016-2018
18
Fuente: Elaboración propia
El método empleado para la recogida de datos fue la entrevista semiestructurada
con una amplia libertad de respuesta para los entrevistados. (Fontana y Frey, 2005)
Las entrevistas se realizaron entre julio 2019 y julio 2021, con una duración
aproximada de hora y media cada una por sesión y varias sesiones por informante.
Fueron grabadas en audio con su consentimiento informado. Se cumplió con el Código
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de Buenas prácticas Científicas del Consejo Superior de Investigaciones Científicas y la
normativa relativa a la protección de datos. Se utilizaron pseudónimos escogidos por los
propios entrevistados para evitar revelar información de carácter sensible. Las
transcripciones se categorizaron de forma manual a partir de incidentes críticos
identificados en las narrativas (Stitt-Gohdes et al., 2000) como la separación familiar, el
primer contacto con el sistema de protección, la entrada en el centro de protección, la
estancia, y la finalización del acogimiento residencial o salida del centro.
Finalmente se nucleó el discurso en torno a tres grandes ejes para su ulterior análisis
crítico y hermenéutico: 1) el abandono por parte de la familia y la entrada en el centro
de protección; 2) el abandono emocional durante la estancia en el centro; y 3) el
abandono institucional a la salida del sistema.
3.- Resultados
3.1 Características sociodemográficas de las personas participantes
Solo uno de los ocho informantes es mujer. Todos provienen de hogares familiares
a excepción de Jatiense que vivía en un Instituto Social de La Marina hasta su cierre
definitivo en 1999. Estos centros ofrecían atención residencial y educativa a huérfanos
de padre marines, cuyas circunstancias imposibilitaban permanecer con la familia.
(Autor, 2022)
Los motivos del ingreso en los centros de protección de los participantes son bien
distintos (Tabla 2) pero el tipo de medida fue similar: acogimiento residencial. Puma
ingresó en un centro de atención específica por problemas conductuales a petición
propia.
La edad de ingreso en los centros se produjo, sobre todo, en la infancia (4-10 años)
y en tres casos en la adolescencia (Tabla 1). Casi todos los informantes tenían
hermanos/as en acogimiento familiar o residencial y en el mismo centro. Tres
informantes superaron los ocho años de permanencia en el centro llegando uno de ellos
a los 10 años. Solamente dos participantes salieron del acogimiento residencial siendo
todavía niños; la mayoría lo hicieron al alcanzar la mayoría de edad o muy próximos a
ella. Tras su salida, tres participantes pasaron a una medida de acogimiento en familia
extensa, uno se emancipó, y cuatro regresaron a su hogar de origen.
En la actualidad, los participantes tienen edades comprendidas entre 20-40 os,
predominando la franja etaria de los treinta años. Salvo la informante más joven -que
con 20 os sigue estudiando- el resto se han independizado personal y económicamente
de sus familias de origen. Tres extutelados se encuentran en situaciones vitales
altamente precarias: obtienen sus ingresos de actividades ilegales -T7, Aarón y Puma-
y habitan infraviviendas o en zonas marginales.
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Tabla 2
Características sociales de los participantes
Fuente: Elaboración propia. Nota: AC = Acogimiento; CF = Ciclo Formativo
3.2 El abandono por parte de la familia y la entrada en un centro de protección
El proceso a partir del cual se desencadena la adopción de la medida de acogimiento
residencial por parte del sistema de protección es recordado por los protagonistas de
esta investigación de forma caótica y difusa.
Durante sus relatos todos los entrevistados realizan saltos temporales respecto al
momento de la separación de la familia. Sin embargo, las regresiones discursivas hacia
la etapa previa a la entrada en los centros fueron escasas y estuvieron acompañadas de
expresiones de rabia y dolor.
Los entrevistados, en su mayoría, buscaron un culpable de su ingreso en el centro
residencial focalizado en sus figuras parentales, a quienes recuerdan con sentimientos
de ira, decepción e, incluso, de forma despectiva:
-Fue por mis padres… Sí. Nos dejaron allí. Eran yonkis y no podían mantenernos a
nosotros por su vicio. (T7)
- Mis padres yo me acuerdo de recuerdos de ver a mis padres, s bien a mi madre,
¿no?, le decía a mi padre: “[Nombre] ven a hacerme la cura” [silencio] le decía así,
ven a hacer la cura... y era para pincharse y cosas de esas... (Entrevistado 1).
Las culpabilizaciones son una constante en los relatos. Por ejemplo, Mika a pesar de
reconocer que su madre se marchó del hogar familiar por sufrir violencia de género, y
que acudió al centro de protección años después para recuperar a sus hijos, sigue
responsabilizándola del abandono y tanto él como sus hermanos se negaron de forma
rotunda a retomar la relación con ella:
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¿Mi madre?, mi madre se marchó. Ella eligió, podía haberse ido con los hijos y...
Podía haberse ido con el hombre que se fue, no digo que no...Mi padre con ella
nunca fue bueno, pero... dejar a los hijos atrás… por eso nunca la perdoné. (Mika).
También Jatiense, a pesar de conocer los problemas de salud mental de su madre,
le achaca haberse quedado con su pensión de huérfano y abandonarle “por comodidad”:
O sea que yo pensé que me había aparcado ahí [su madre] y ahora pienso que me
ha aparcado ahí, pues le venía de puta madre, o sabe Dios, pues igual alguien cogió,
yo no lo sé, tendrías que entrevistar a mi madre, pero quizás en algún momento
alguien cogió en el hospital y le dijo que quizás es mejor que mandes a tus hijos
fuera y que no lo cuides tú, porque no sabes hacerlo y ella lo cogió como excusa o
quizás dijo es lo mejor para ellos, pues no lo sé, eso ya… (Jatiense)
En los contenidos de algunas historias se detecta cierta “distancia emocional”
respecto de los progenitores:
Nos llevaron nuestros padres, o sea como si fuera un campamento de verano en plan
te llevan, me llevaron; miramos el centro ese día y ya nos quedamos al- (Plati)
Las circunstancias que rodean la entrada en un centro de protección son divergentes
entre los relatos recogidos (Tabla 2), pero en todos ellos hay una realidad ineludible: la
separación de la familia de origen y de sus figuras paterna y/o materna. Este hecho tuvo
un impacto significativo en los entrevistados que expresan sensaciones de tristeza,
angustia, e inseguridad en el periodo de entrada en el centro:
- “¡Ostia! mira que lloraba… por las noches yo ahí lloraba siempre. Yo quería mi
casa, mi cama, mi habitación. (Mika)
- [Me sentía] triste, rabioso, furioso, abandonado, de todo y seguía sin comprender
lo que me decían. (…) no te sentías a gusto o contento. Dudo que hubiera algún
caso en la época que yo estaba, que entrasen contentos”. (Aarón)
3.3 El abandono emocional durante la estancia en el centro de protección
Los comentarios respecto al período de permanencia en los centros de protección
son abundantes y variados por parte de los entrevistados. Se les preguntó
explícitamente por aquellas cuestiones positivas que recordaban de su estancia. Al
respecto, en todos los casos, las percepciones positivas aluden a la cobertura de las
necesidades básicas, el acceso a la educación y, en algún caso, al aprendizaje de un
oficio (T7). En menor medida, se alaba el haber adquirido cierta disciplina u hábitos
cotidianos en relación con horarios, deporte, higiene (Charlie, Aarón). Sin embargo, en
las narraciones abundan un sinfín de situaciones negativas relativas, entre otras
cuestiones, a: la rigidez disciplinaria de los centros (Plati, T7); la sensación de opresión
por el control permanente (Entrevistado 1); la sobre-medicación “para mantenerte
tranquilo” (Puma, Entrevistado 1); el bullyng (Myka); prácticas abusivas por parte de
educadoras (Plati, egresada en 2020), o incluso maltrato físico por parte de profesionales
(Entrevistado 1, egresado en 1997; Jatiense, egresado en 1999; Mika, egresado en
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2005; Aarón, egresado en 2008). De todas las situaciones negativas relatadas
prevalecen en los discursos de todos los informantes aquellos relativos a las carencias
en el ámbito afectivo:
“Un baño de lágrimas, no cómo decirte. (…) no te dejan ser niño, te joden la
infancia, es que te la joden. No tienes ningún parámetro, no tienes nadie a quién
seguir; dices tú: “yo tengo un padre, es mi modelo a seguir”. Allí, ¿qué modelo
tienes a seguir? (Entrevistado 1)
En este sentido, también resulta significativo que, aunque algún entrevistado guarde
un buen recuerdo de algún educador/a (Mika, Aan, Charlie), en la mayoría de los casos
estos profesionales no llegaron a ser referentes semejables a una figura parental, ni
generaron un vínculo significativo, incluso cuando lo intentaban:
“Falta de cariño...eeehh...yo qsé, que muchas veces conoces a peña: “joder
es que mis viejos tal y cual”. Tu viejo si te dice algo es por algo y si te está encima
y no quiere que llegues más tarde de las doce a casa es por algo. ¿Sabes? Pues
eso, esa falta de ese tal...es lo que...[pensativo] Claro y llegabas allí, tal, y nadie
que se preocupe, al final nadie te venía a echar una mano, nadie ¿sabes?... y
bueno... [expresión de resignación] (…) No te daban el cariño que te daba un
padre y una madre en casa [los educadores], pero por lo menos intentaron ser
padres. (Mika)
Una de las principales quejas respecto a los educadores durante la estancia en los
centros es el hecho de que nadie preguntaba a los residentes qué les ocurría, que
necesitaban, o que querían hacer con sus vidas, lo que provocó en los participantes la
sensación de absoluta invisibilidad y nulo valor ante las personas adultas que los
rodeaban (Aarón, Jatiense, Mika, Entrevistado 1, T7). Algunos expresan que eran
“coaccionados” en tomas de decisión tan importantes como ser adoptados, haciéndoles
sentir que su opinión no “valía nada”:
“(…) pero te coaccionan “vas a estar aquí tantos años, esto es un centro, estás con
gente de fuera, no te van a dar el cariño, no te van a dar lo que te darían unos
padres” y por eso firmas (Mika)”
Los sentimientos vinculados con el “abandono” sentido durante la estancia del centro
también aparecen relacionados con la desvalorización y la falta de control sobre las vidas
de los informantes.
- Básicamente parecía una rata de laboratorio (Puma)-
- (…) a partir de un tiempo para adelante solo empezaron a decirme que no iba a
llegar a ningún lado y que iba a acabar yonki perdido [drogodependiente] debajo
de un puente pinchándome y que iba a morir, que ahí iba a acabar mi vida (Aarón)
Y con el fomento por parte de los profesionales -a juicio de algunos entrevistados-
del rechazo hacia sus familias o respecto de sus expectativas, lo que les generaba mucho
dolor:
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-Como yo qsé, las educadoras te decían: “tú estás aquí porque tus padres no te
quieren”; vale, la primera vez bien, no pasa nada, lo está diciendo por el enfado, la
segunda vez, vale no pasa nada tal…pero después de cuatro, seis, 12, 15, 80 veces
que te lo repiten y ahí es cuando le empiezas a coger asco a tus padres por mandarte
a un sitio así. Entonces pensabas que no te querían, que no fuiste nada para ellos,
que eres una mierda de persona; cuando en verdad a ellos les están diciendo una
cosa de nosotros y a nosotros nos están diciendo otra cosa de ellos y, es en plan,
no sé por qme tienes que decir esas cosas… porque me duelen…y al final te lo
crees, ¿sabes? Y no solo a mí, mi hermana también se lo llegó a creer. (Plati).
Todo ello generó efectos en los caracteres de los residentes de forma que son varios
los participantes que se manifiestan introvertidos o retraídos:
- (…) te vuelves más inseguro y más desconfiado a la vez. Más seguro para ti
mismo y desconfiado hacia la gente (Entrevistado 1).
3.4. El abandono institucional a la salida del sistema
Los informantes aseguran que no se les capacitó para su salida del centro -
expresada, en ocasiones, como el hecho más trascendente en sus biografías- ni para
una vida autónoma. La salida del centro supuso una ruptura con su único entorno
estable:
“No tengo amigos (…) en el centro pero fuera no. Comprendí muchas cosas y
entonces soy un tío que no tengo amigos. Conocidos s bien. Pero amigos no.
(Charlie)
La salida, en todo caso, siempre se produce, a juicio de los informantes, de forma
prematura provocando sensaciones de angustia, incertidumbre y, de nuevo, la impresión
de ser abandonados, esta vez por el sistema:
Yo cumplo el 19 de septiembre y me llegaron un 3 de septiembre y me dijeron
“Mika” cumples en 15 días, vete que ya no haces nada aquí y yo oh” ... ¿No me
dejáis echar... [un tiempo más?] No, no, no, ¡vete! Cogí mis cosas y me largué.
(Mika)
No es de extrañar, en consecuencia, que afloren en esta etapa sentimientos de
decepción con el “sistema de protección” al que pertenecen los centros:
¡Ostia! ¡Joder! ¡nueve años de tu vida allí, pues joder!, ¿Qué quieres que te diga?
¡Pues esperabas algo! una fiesta o algo, alguien, una despedida con cariño y que te
digan así tal 15 días antes de cumplir la mayoría de edad: No, no, ya te puedes ir si
quieres, que aquí ya no haces nada...es jodido (Mika)
La emancipación vuelve a suscitar inseguridad por la ausencia de redes de apoyo
estables fuera del centro, carencias en la esfera familiar y situaciones laborales precarias
e inestables.
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Salir de ahí e ir para una casa, bueno casa, si bueno, era una casa... y la comida si
no trabajabas… comías hostias, si tu no limpiabas aquello era un estercolero, si no
te comprabas la ropa andabas como un gitano y todo eso. Acostumbrado a darte
todo, eso jode. (Mika)
Todo ello se transforma nuevamente para los extutelados en “situaciones de
desprotección” derivadas, ahora, de la falta de respuesta por parte del sistema de
protección:
Porque sales de una metódica donde está todo el mundo. Nadie te explica nada,
sales para fuera, no tienes un puto duro… dices hasta los diecinueve años te pueden
acoger, sino a la puta calle, ¿qué haces? Sin trabajo, sin casa y sin nada, te dan una
paga de 400€ de mierda. Estás viviendo en [una ciudad urbana de 130.000
habitantes] con 400€ de mierda, ¿qué te alquilas una casa y luego te vas a comer
al comedor [social]? Un desamparo total desde que sales y desde que entras.
(Entrevistado 1)
Esta situación promueve en los participantes sentimientos de “abandono”, esta vez
de carácter institucional, ya que el Estado no ofrece respuestas a las necesidades de sus
acogidos cuando dejan de serlo, aun cuando no se hayan modificado las situaciones de
origen que provocaron el acogimiento residencial.
4.- Discusión
Los datos recolectados sobre los informantes no permiten generalizar una relación
causal entre sus situaciones en el sistema de protección y sus actuales experiencias
familiares, sociales, laborales y económicas. Sin embargo, el análisis realizado permite
inferir que las personas que han tenido un acogimiento en familia extensa tras el
acogimiento residencial han disfrutado de más redes de apoyo, y conseguido, a largo
plazo, mejores resultados académicos, coincidiendo con lo señalado en Moretti y
Torrecilla (2019).
A pesar de ello, los dos únicos entrevistados que han conseguido una situación
laboral estable, no dispusieron de apoyos externos tras salir del centro y son, a su vez,
los que permanecieron menos tiempo en el hogar familiar de origen al que habían
regresado tras finalizar el acogimiento residencial.
En todos los relatos se detectan alusiones a las carencias en el ámbito emocional
con el grupo de iguales y en los vínculos establecidos con los profesionales. La
intromisión, inseguridad, desconfianza, indiferencia o desapego siguen presentes en las
interacciones de los entrevistados como rasgos propios de su personalidad, lo que
coincide con los resultados obtenidos por Moretti y Torrecilla (2019) y por Sala-Roca
(2019).
A pesar de la variabilidad en las relaciones personales de cada entrevistado con los
profesionales de los centros, los vínculos afectivos generados no son asimilables a los
generados en una crianza familiar, al igual que sucedía en el estudio de Cabrera et al.
(2020). Incluso se han detectado relatos en los que los profesionales promovieron el
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olvido de los referentes afectivos familiares, coincidiendo con lo indagado por Sanín
(2013). Todo ello ha generado en los entrevistados sentimientos de baja autoestima,
escaso valor y desvalorización por parte del sistema, como afirmaba Sanin (2013).
Estas cuestiones plantean la necesidad de probar otras formas de ejercer
profesionalmente en los centros, por ejemplo, a tras de una parentalidad profesional,
como propone Sala-Roca (2019); así como agilizar alternativas al acogimiento
residencial, como el familiar y la adopción como señalan Moretti y Torrecilla (2019).
En todo caso, las descripciones de los entrevistados muestran un desarrollo
socioafectivo atípico, mientras permanecieron en el centro, caracterizado por la
despersonalización, las dificultades en la generación de lazos afectivos sólidos, las
dificultades de expresión emocional, las expresiones de rechazo y las conductas
asociales. En la actualidad manifiestan dificultades socioafectivas en su integración
social, coincidiendo con los resultados obtenidos por Groack y McCall (2011), Martín et
al. (2020), Moretti y Torrecilla (2019), y por Sala-Roca (2019).
El sentimiento de abandono, tópico central de esta investigación, emerge como
contenido transversal en los distintos escenarios de la vida de las personas tuteladas.
Por ello, es necesario un tratamiento integral de los aspectos socioafectivos de los
niños/as y jóvenes acogidos, con especial énfasis en el ámbito escolar, donde se podrían
capacitar a docentes para generar aulas inclusivas y afectivas, tal como postulan
Iglesias-Díaz y Romero- Pérez (2021) y donde se podría promover el empoderamiento
juvenil (Trull-Oliva et al., 2022).
La sensación de desprotección es otra de las variables reiteradas a lo largo de las
biografías de los extutelados, agudizada en el momento de la salida del centro, descrito
como una ruptura prematura con su entorno y un “aterrizaje forzoso en tierra hostil”.
Nótese que algunos residentes se encontraron de un día para otro en la calle, sin tener
más lugar al que ir que el hogar del que habían sido separados por su propio bienestar,
coincidiendo con Cabrera (2020).
Ante esta realidad parece preciso ampliar recursos para la atención a adolescentes
y jóvenes que comienzan su proceso de emancipación, especialmente en comunidades
como la de Galicia dónde tan solo existen siete viviendas tuteladas y dos pisos de
transición a la vida autónoma, con una capacidad total de 64 plazas, en relación con las
1.768 plazas que conforman el sistema de protección gallego según los datos del
Registro Único de Entidades Prestadoras de Servicios Sociales (2021, 18 de febrero).
5.- Conclusiones
A pesar de la innegable evolución del modelo residencial, no se han detectado
grandes diferencias en los relatos de las personas tuteladas en la década de los 90 en
relación con los tutelados treinta años más tarde: a) se mantiene la distancia emocional
entre acogidos y profesionales; b) siguen produciéndose situaciones de “mal trato”
(aunque en diferentes modos); c) perdura una valoración negativa del periodo de
permanencia en los centros de protección por parte de los entrevistados, acomo del
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momento de salida de los mismos; d) persiste la sensación de desamparo y abandono
en todo el proceso por parte de todos extutelados.
Al respecto, las narraciones señalan un impacto en el desarrollo emocional de los
acogidos, afectados por experiencias y sensaciones de abandono desde la fase previa a
su institucionalización hasta que salen del centro de protección. Desde un punto de vista
estoico podría decirse que el abandono es el punto de convergencia al que retornan una
y otra vez los entrevistados, quienes no solo lo describen respecto de progenitores y
familias, - abandono familiar- sino también en relación con experiencias traumáticas
durante su estancia en el centro de protección y en el momento de su salida de este -
abandono institucional-.
Existen diversas alternativas ante esta situación: 1) minimizar la medida de
acogimiento residencial priorizando el acogimiento familiar e incluso la adopción, además
de agilizar los trámites administrativos de ambos; 2) promover que los profesionales
educadores ejecuten funciones de parentalidad, entre las que se encuentren aquellas
ligadas al apego a los afectos y a las emociones, así como al consejo y asesoramiento
en las etapas de la transición a la vida adulta e incluso fuera ya del sistema.
En lo que respecta a los límites de la investigación señalamos, por un lado, el
reducido tamaño de la muestra; por el otro, el carácter subjetivo de las narraciones que
impiden generalizar las conclusiones y, por último, la mayoritaria expresión de varones
frente a solo una voz femenina. Coincidimos con Silva (2019) en indicar que sería
importante continuar profundizando en las consecuencias del fenómeno de la
invisibilidad de los acogidos y de su abandono per se, además de incorporar la
perspectiva de género en futuras investigaciones.
Agradecimientos:
A Mika, Charlie, Entrevistado 1, Puma, Jatiense, T7, Plati y Aarón por regalarnos
un pedazo de su tiempo y un trocito de sus vidas.
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