Interacción y Perspectiva. Revista de Trabajo Social Vol. 14 N
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1 / enero-junio, 2024
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demanda suprimir el uso de operaciones cognitivas que separan, fragmentan, dividen y,
en cambio, asumir posiciones integradoras, que apuntalen al establecimiento de
vínculos, definiendo estimaciones aproximadas o al menos acercamientos lo más amplios
posibles a la realidad, al conocimiento, que den cuenta de las articulaciones subyacentes,
reconociendo nexos, lazos implícitos y ocultos, que muestren aspectos no estimados con
anterioridad o, aunque planteados no han sido trabajados desde este operar.
Desde esta perspectiva, se trata de enseñar una serie de actividades del pensamiento
complejo, que en modo alguno pretende exclusivamente buscar contradicciones y
elementos contrapuestos, sino verdades profundas, complementarias, que definan
posibilidades para ir más allá de lo evidente, de lo dado, de lo explícito. Esto refiere a
una actitud sensible, cuya apertura coadyuve con la integración del complejo tejido de
realidades, que no se encuentran en modo alguno estructuradas perfectamente, por lo
que demandan el operar del pensamiento en el que procesar lo diverso, las relaciones
entre las partes y el todo y viceversa, se conviertan en operaciones mentales integradas
al quehacer académico-científico.
Para Morín (2009), formar en tiempos de complejidad sugiere ayudar en la tarea de
disponer la mente para “mirar con más atención, la complejidad es, efectivamente, el
tejido de eventos, acciones, interacciones, retroacciones, determinaciones, azares, que
constituyen nuestro mundo fenoménico” (p. 17). Este proceder cognitivo procura ver la
realidad desde los múltiples elementos, caracteres y componentes, definiendo nexos, sin
dejar de ver en estos solo aproximaciones o planteamientos iniciales, muchas veces
insuficientes, parciales, que demandan el compromiso intelectual de sustanciar, estimar
cualidades y propiedades emergentes para configurar una visión que trascienda a la
comprensión de que el todo es más que la suma de sus partes.
En Morín, la enseñanza como proceso asociado con la contemplación desde una
actitud abierta, procura instar al abordaje comprensivo desde una perspectiva
interdisciplinar que trascienda las fronteras epistémicas, teóricas y metodológicas con el
propósito de realizar acercamientos a las situaciones controversiales, complejas y cuyo
ritmo acelerado, da lugar a cambios recurrentes que demandan sentido de apertura y la
disposición cognitiva para mirar desde diversos ángulos. Lo planteado obliga la
referencia a dos procesos importantes para quien se forma en la universidad; por un
lado, la promoción de habilidades cognitivas como la síntesis y, por el otro, el abordaje
de la realidad desde el uso de la problematización que integra la interdisciplinariedad,
en un intento por producir soluciones estratégicas que respondan a las particularidades
de cada contexto.
Al respecto Sarramona (2010) en apoyo a lo propuesto por Morín, indica que las
cualidades de una realidad sumida en el dinamismo, sugiere un elevado nivel de
adaptabilidad para percibir las reacciones, transformaciones y cambios recurrentes que
permean tanto los fenómenos como el contexto en el que estos se dan, lo cual indica
que el sujeto en formación deberá ser capaz de integrar momentos, situaciones, rasgos
y particularidades con la finalidad de evitar reduccionismos, aproximaciones parciales