Universidad del Zulia (LUZ)

Revista Venezolana de Gerencia (RVG)

Año 30 No. 109, 2025, 287-300

Enero-Marzo

ISSN 1315-9984 / e-ISSN 2477-9423

Como citar: Malavé, J., Csoban-Mirka, E., y Ríos, A. (2025). Validación de la escala de Desconexión Moral en un grupo de profesionales y gerentes venezolanos. Revista Venezolana De Gerencia30(109), 287-300. https://doi.org/10.52080/rvgluz.30.109.19

Validación de la escala de Desconexión Moral en un grupo de profesionales y gerentes venezolanos

Malavé, José*

Csoban-Mirka, Eugenia**

Ríos, Alfredo***

Resumen

Este trabajo reporta un estudio de las propiedades psicométricas de una versión española de la escala más utilizada para medir la propensión a la desconexión moral, mediante su aplicación a un grupo de 366 profesionales y gerentes venezolanos, al comienzo de sus estudios en una escuela de negocios. El estudio evaluó diferentes estructuras factoriales (1, 4 y 8 factores), de acuerdo con distintos modelos propuestos en la literatura. Posteriormente, con una muestra similar de 200 participantes, se validó el mejor modelo obtenido en la fase anterior. El análisis factorial confirmó el carácter unidimensional de una escala de 16 ítems que representa los ocho mecanismos de desconexión moral postulados por la teoría: justificación moral, etiquetado eufemístico, comparación ventajosa, desplazamiento de responsabilidad, difusión de responsabilidad, distorsión de consecuencias, deshumanización, atribución de culpa. El mecanismo que resultó más relevante fue el desplazamiento de responsabilidades.

Palabras clave: desconexión moral; decisión ética; educación en negocios; análisis factorial confirmatorio; validación de escala.

Recibido: 13.09.24 Aceptado: 27.11.24

* Doctor en Comportamiento Organizacional, profesor titular del Instituto de Estudios Superiores de Administración (IESA) en Caracas, Venezuela. Coordinador de la maestría en administración del IESA. Instituto de Estudios Superiores de Administración (IESA), Av. IESA, San Bernardino, Caracas-Venezuela. Email: jose.malavé@iesa.edu.ve. ORCID: https://orcid.org/0000-0002-8801-9165

** Doctora en Psicología. Profesora titular del Instituto de Estudios Superiores de Administración y de la Universidad Católica Andrés Bello. Coordinadora del centro de mercado del IESA. Instituto de Estudios Superiores de Administración (IESA), Caracas-Venezuela. Email: eugenia.csoban@iesa.edu.ve, ORCID: https://orcid.org/0000-0001-9520-197x. Autor para correspondencia.

*** PhD en Matemáticas y profesor asociado del Centro de Finanzas del Instituto de Estudios Superiores de Administración (IESA), Instituto de Estudios Superiores de Administración (IESA), Av. IESA, San Bernardino, Caracas-Venezuela. Email: alfredo.rios@iesa.edu.ve. ORCID: https://orcid.org/0000-0002-1658-6179

Validation of the Moral Disengagement Scale with a group of Venezuelan professionals and managers

Abstract

This work reports the psychometric properties of a Spanish version of the most used scale to measure the propensity for moral disengagement, with a group of 366 Venezuelan professionals and managers, at the beginning of their studies in a business school. The study evaluated diverse factor structures (1, 4, and 8 factors) according to different models proposed in the literature. Subsequently, with a similar sample of 200 participants, we validated the best model obtained in the previous phase. The factor analysis confirmed the unidimensional nature of a 16-item scale that represents the eight mechanisms of moral disengagement postulated by the theory: moral justification, euphemistic labelling, advantageous comparison, displacement of responsibility, diffusion of responsibility, distortion of consequences, dehumanization, attribution of blame. The most relevant mechanism was displacement of responsibility.

Keywords: moral disengagement; ethical decision-making; business education; confirmatory factor analysis; scale validation.

1. Introducción

Las escuelas de negocios enfrentan el reto de asegurar que sus egresados sean, verdaderamente, gerentes y líderes responsables; así como a los negocios, en general, se les exigen resultados no solo económicos, sino también sociales, ambientales y de buen gobierno. Lamentablemente, los elevados ideales del liderazgo responsable se estrellan contra las realidades de la corrupción y los abusos cometidos por las más diversas empresas en los más diversos sectores y entornos. El reto de las escuelas de negocios va más allá de incluir contenidos de ética en sus programas. Entre otras cosas, necesitan despejar la incógnita de si hay estudiantes que llegan con propensiones inmorales (tesis de las manzanas podridas) o las adquieren en las escuelas como efectos de los contenidos impartidos (tesis del barril podrido). Para evaluar las orientaciones éticas de entrada y salida de sus estudiantes, las escuelas necesitan, entre otras iniciativas, desarrollar instrumentos adecuados para especificar y medir tales tipos de constructos, y orientar así sus esfuerzos formativos.

Este trabajo presenta una primera aproximación a la medición de la propensión a la desconexión moral (PDM) entre un grupo de profesionales venezolanos con experiencia laboral, que comenzaban sus estudios en una escuela de gerencia. Para ello fue adaptada la escala desarrollada por Moore et al, (2012), la más utilizada y validada de las escalas de desconexión moral (Newman et al, 2020). El propósito fue evaluar la viabilidad de desarrollar instrumentos capaces de medir este tipo de constructos en América Latina, con fines tanto académicos (desarrollo de la investigación en ética conductual) como administrativos (evaluación de los esfuerzos formativos de las escuelas de gerencia en el ámbito de la ética).

Si bien la investigación sobre ética conductual, en general, y sobre las orientaciones éticas de gerentes y estudiantes de gerencia, en particular, se encuentra muy desarrollada en Estados Unidos, este tipo de estudios es escaso en esta parte del mundo. En la adaptación de escalas de desconexión moral se encuentran trabajos llevados a cabo con niños y adolescentes sobre temas de delincuencia y violencia, particularmente en Colombia (Blanco et al, 2022; Férriz et al, 2019; Gómez et al, 2019; Gómez y Durán, 2021; Martínez-González et al, 2020; Parra et al, 2019; Rubio-Garay et al, 2017; Villegas de Posada et al, 2018).

2. Conceptualización y medición de la desconexión moral

Bazerman y Gino (2012) definieron el objeto de la “ética conductual” como el estudio de las fuerzas que llevan a las personas a comportarse de manera inmoral, aun valorando la moralidad (caen en tentaciones o no perciben las implicaciones éticas de sus decisiones). De hecho, muchos gerentes involucrados en hechos de corrupción mantienen un elevado concepto de sí mismos o no advierten las repercusiones de sus actos (Soltes, 2016). Una explicación de este tipo de fenómenos es la que ofrece la teoría de la desconexión moral, la cual ha resultado fecunda en la cantidad de investigación propiciada, y en su capacidad para predecir decisiones y acciones inmorales.

Bandura (1986, 1991) conceptualizó la conducta moral como resultado de procesos autorreguladores, basados en estándares morales adquiridos durante la socialización, y definió la desconexión moral (Bandura, 1990, 2002, 2016) como una desactivación del autocontrol inducida por ocho mecanismos que permiten a una persona (1) redefinir su conducta (justificación moral, etiquetado eufemístico y comparación ventajosa), (2) reinterpretar las consecuencias de su conducta (distorsión de consecuencias), (3) disipar su responsabilidad (desplazamiento y difusión de responsabilidad) o (4) culpar a la víctima (deshumanización y atribución de culpa). Estos son “los cuatro puntos principales del proceso autorregulador en los cuales el control moral interno puede ser desconectado de la conducta perjudicial” (Bandura, 1990: 28).

El cuadro 1 presenta una breve descripción de los mecanismos de desconexión moral agrupados por instancias de desactivación del proceso autorregulador.

Cuadro 1

Mecanismos de desconexión moral agrupados por instancias de desactivación del proceso autorregulador

Instancias

Mecanismos

Redefinir la conducta

1. Justificación moral: presentar la conducta como una forma de cumplir un imperativo moral o social (proteger el honor y la reputación), para hacerla aceptable.

2. Etiquetado eufemístico: disfrazar la conducta usando una etiqueta benigna o incluso respetable (“lealtad” en lugar de complicidad).

3. Comparación ventajosa: disminuir la gravedad de la conducta comparándola con otra mucho más reprensible (golpear es peor que insultar).

Reinterpretar consecuencias

4. Distorsión de consecuencias: minimizar o desdibujar las consecuencias de la conducta enfatizando sus posibles beneficios o refutando la evidencia de sus perjuicios (“fue una cantidad despreciable”).

Disipar la responsabilidad

5. Desplazamiento de responsabilidad: presentar la conducta como una consecuencia de las circunstancias, la presión social o la imposición de otros (“cumplía órdenes”).

6. Difusión de responsabilidad: presentar la conducta como producto de una decisión de grupo o un eslabón insignificante en una acción colectiva (“era apenas uno más”).

Culpar a la víctima

7. Deshumanización: presentar a la víctima como un ser carente de cualidades humanas (un extraño o un monstruo), que no responde al trato normal entre las personas.

8. Atribución de culpa: presentar a la víctima como instigadora de la conducta, ejecutada como reacción defensiva, para hacerla excusable o incluso correcta.

Nota: Adaptado a partir de información de Bandura (1990).

Bandura et al, (1996) desarrollaron un instrumento para medir los ocho mecanismos (cada uno mediante 4 ítems para formar un conjunto de 32 ítems). La investigación se llevó a cabo con niños entre 10 y 15 años en Italia. Mediante análisis factorial exploratorio (componentes principales con rotación varimax) encontraron un factor que dio cuenta del 16,2% de la varianza. El alfa de Cronbach (0,82) mostró una consistencia interna adecuada. A partir de estos resultados, los autores proponen una estructura unidimensional del constructo. Caprara et al, (2009) desarrollaron una escala para evaluar mecanismos de desconexión ante violaciones de deberes cívicos, y encontraron también pruebas de la naturaleza unidimensional de la escala.

Moore (2008) desarrolló la primera escala de PDM para estudiar la corrupción en el ámbito organizacional. Definió la desconexión como una propensión a evocar creencias que 1) redefinen las acciones para que luzcan menos perjudiciales (justificación moral, etiquetado eufemístico y comparación ventajosa), 2) minimizan la sensación de responsabilidad por las acciones (desplazamiento y difusión de la responsabilidad) o 3) atenúan la percepción del daño ocasionado (distorsión de consecuencias, deshumanización y atribución de culpa). Concibió la desconexión moral como una orientación cognoscitiva generalizada que permite diferenciar a las personas: las más propensas a la desconexión estarán más dispuestas a tomar decisiones corruptas. La escala consistió en una adaptación del instrumento desarrollado por Bandura et al, (1996), modificada para su administración a muestras de adultos, con 32 ítems para medir los ocho mecanismos (cuatro ítems por cada uno).

Moore (2008) probó varios modelos de análisis factorial confirmatorio (AFC): 1) una estructura de ocho factores (correspondientes a los mecanismos teóricos); 2) un modelo de tres factores que corresponden a la agrupación de los mecanismos por tipos de creencias evocadas, como son redefinir acciones para que luzcan menos perjudiciales (justificación moral, etiquetado eufemístico y comparación ventajosa), minimizar la sensación de responsabilidad (desplazamiento y difusión de la responsabilidad) y atenuar la percepción del daño (distorsión de consecuencias, deshumanización y atribución de culpa); y 3) un modelo de un factor (considerando que la escala proporciona una medida unidimensional). Descartó, en primer lugar, el modelo de tres factores por su deficiente ajuste estadístico y porque la teoría original no indica explícitamente esta forma de agrupación de los mecanismos.

La solución de ocho factores correlacionados mostró mejores indicadores de ajuste que la de ocho factores no correlacionados; no hay razones para esperar que los mecanismos operen de manera independiente. Finalmente, aunque la solución de ocho factores correlacionados resultó ligeramente superior a la de un factor, optó por la solución unidimensional, cuya evaluación de confiabilidad resultó la mejor de las tres soluciones (α = 0,88). Así, la desconexión moral puede definirse como una orientación cognitiva cohesionada y se obtiene un modelo más parsimonioso, en ausencia de evidencia del funcionamiento independiente de los mecanismos.

Posteriormente, Moore et al, (2012) desarrollaron una nueva versión de la escala de desconexión moral apropiada para adultos, concisa y de fácil aplicación, que consiste en creencias acerca de conductas generales (mentira, trampa, robo), no específicas de industrias o áreas organizacionales. Aunque el interés por el concepto había aumentado en las últimas décadas, no existía una medida sencilla y cuidadosamente validada de desconexión moral. Su objetivo fue justamente “proporcionar una medida que se pueda administrar y utilizar fácilmente… con cualquier muestra de adultos en cualquier contexto… para predecir con éxito un amplio conjunto de comportamientos éticos” (Moore et al, 2012: 3).

Adicionalmente, relacionaron la desconexión moral con otros constructos de su red nomológica. Según Newman et al, (2020), esta es la escala de desconexión moral más ampliamente validada y la primera que proporciona documentación sistemática de validez convergente y discriminante.

Para Moore et al, (2012) la desconexión moral es un constructo multifacético, pero no multifactorial. Por ello crean una medida unidimensional que reconoce los mecanismos como diferentes facetas del constructo, pero concibe la PDM como una disposición general o de orden superior. La evidencia acumulada sobre las propiedades psicométricas de las distintas versiones desarrolladas apoya la unidimensionalidad del fenómeno (Bandura et al, 1996; Caprara et al, 2009; Moore, 2008).

Moore et al, (2012) crearon tres versiones del instrumento: 24, 16 y 8 ítems. La composición de cada una se hizo a partir de índices estadísticos y juicios expertos. Los autores llevaron a cabo una serie de análisis para evaluar distintas estructuras en las tres versiones, junto con sus relaciones con diversos constructos de la red nomológica (tales como maquiavelismo, identidad moral y empatía), y encontraron que las tres versiones eran equivalentes. La versión corta de ocho ítems (uno para cada mecanismo) ofrece la escala de desconexión moral más parsimoniosa y fácil de aplicar existente.

3. Enfoque metodológico

Con la finalidad de estudiar la escala de desconexión moral en un grupo de profesionales y gerentes venezolanos, se ha desarrollado el presente estudio. Para garantizar la validez y confiabilidad de los resultados obtenidos, se ha desarrollado un riguroso marco metodológico. En las siguientes secciones, se detallará el diseño de investigación y aquellos procedimientos empleados para lograr responder el objetivo.

3.1. Participantes

En el estudio participaron 566 personas adultas con experiencia laboral como profesionales o gerentes, en distintos niveles jerárquicos (desde supervisores y gerentes medios hasta altos gerentes o propietarios) en sus organizaciones, inscritas en programas de maestría y educación ejecutiva en una escuela de negocios en Caracas, Venezuela. Los participantes respondieron al cuestionario en formato de papel y lápiz, durante las sesiones iniciales de bienvenida a los programas de estudio, y antes de recibir los contenidos formales de ética en la gerencia programados para esas sesiones. Se informó sobre el objetivo de la investigación, la participación fue voluntaria y se aseguró la confidencialidad y el tratamiento agregado de la información suministrada.

La naturaleza del análisis realizado requirió dividir la muestra total en dos conjuntos de datos: una submuestra de N=366 para evaluar diferentes modelos factoriales y otra de N=200, en una segunda fase, para validar el mejor modelo obtenido en la fase anterior. La Tabla 1 presenta las características demográficas de los participantes en este estudio.

Tabla 1

Características demográficas de los participantes

Submuestra 1

Submuestra 2

Tamaño (N)

366

200

Género (%)

Femenino

38

39

Masculino

62

61

Edad

Promedio

33,0

33,7

Desviación

8,1

8,5

Nivel de estudios de gerencia (%)

Maestría

66,3

67,5

Educación ejecutiva

33,6

32,5

3.2. Instrumentos

Para elaborar la versión española de la escala de PDM desarrollada por Moore et al, (2012), los ítems fueron traducidos en varias etapas de revisión y prueba, con sujetos similares a la población objetivo y profesores que actuaron como jueces, según los lineamientos de la Comisión Internacional de Tests (Muñiz et al, 2013). El instrumento quedó integrado por 24 ítems, tres para cada mecanismo (justificación moral, etiquetado eufemístico, comparación ventajosa, desplazamiento de responsabilidad, difusión de responsabilidad, distorsión de consecuencias, deshumanización y atribución de culpa), medidos con escalas Likert de siete puntos: de 1 (completamente en desacuerdo) a 7 (completamente de acuerdo), de forma que a mayor puntaje mayor PDM.

3.3 Análisis

Siguiendo las orientaciones de los hallazgos de Bandura et al, (1996), Caprara et al, (2009) y Moore et al, (2012), se evaluaron las propiedades psicométricas de la escala PDM con distintas estructuras. La muestra total fue de 566 observaciones, sin ningún dato perdido y a los fines de esta validación, siguiendo la recomendación de Brown (2015), se dividió esta muestra en dos conjuntos de datos. En una primera fase se utilizó una muestra de N=366 para evaluar un modelo de 8 y 4 factores (8 mecanismos y 4 agrupaciones de los mecanismos) propuestos por Bandura et al, (1996) y una estructura unidimensional (Moore et al, 2012) y se siguió una estrategia de desarrollo en la cual se modificó el modelo de medida hasta lograr la mejor versión posible (Hair et al, 1998). Con el restante grupo de datos (N=200), en una segunda fase, se validó el mejor modelo obtenido en la fase anterior.

Para establecer los modelos estructurales se usó, en todas las exploraciones, la librería Lavaan (0.6-8) de R y con fines de identificación del modelo factorial se fijó la carga factorial del primer indicador en uno (1). Para ambas muestras, la asimetría y la curtosis de las distribuciones de las respuestas en cada ítem revelan que los datos no siguen distribuciones normales. Por ello, en el AFC se usaron estimadores de mínimos cuadrados ponderados con errores estándar robustos y media y varianza ajustados. Más específicamente, se usó la opción de estimación de parámetros WLSMV disponible en la librería Lavaan de R. Este método utiliza la matriz de varianza-covarianza de los datos.

Con la primera muestra de datos se estimó el modelo con el conjunto original de 24 ítems, fijando el número de factores en ocho (8), luego en cuatro (4) y finalmente sin fijar un número de factores. Con la segunda muestra de datos (N=200) se confirmó la estructura de la escala de PDM de mejor ajuste derivada de la primera fase.

4. Propiedades psicométricas y evaluación de modelos estructurales

Los índices de ajuste de los modelos de medida para las distintas estructuras de la escala de PDM se presentan en la Tabla 2. Estos modelos fueron estimados con el conjunto total de 24 ítems.

Tabla 2

Índices de ajuste para la escala PDM total de 24 ítems (N=366)

8 factores

4 factores

Un factor

Chi cuadrado

738.31 p=0.000

776.37 p=0.000

780.68 p=0,000

Comparative Fit Index (CFI)

0.890

0.887

0.887

Tucker-Lewis Index (TLI)

0.865

0.873

0.876

RMSEA

0.079

0.077

0.076

SRMR

0.113

0.115

0.115

La razón de verosimilitud del estadístico chi-cuadrado, para todas las estructuras, señala ausencia de ajuste. Sin embargo, dadas las limitaciones de este índice, se recomienda estimar el error de aproximación (RMSEA) que, para las tres versiones, se halla en valores altos pero aceptables. Mientras que los valores de la covarianza residual (SMRM) resultaron mayores de lo recomendable para considerar un buen ajuste. Los índices de ajuste incremental —CFI y TLI— están por debajo del valor generalmente aceptable de 0.90. Estos resultados indican que ninguno de los modelos mostró un ajuste adecuado.

La confiabilidad por subescalas, de acuerdo al coeficiente Omega, para la versión de 8 factores, varía entre 0,28 y 0,66. Al agrupar los ítems en cuatro factores, la consistencia interna aumenta y varía entre 0,58 a 0,74. Los valores de los coeficientes, para las estructuras multifactoriales, no reflejan una alta intercorrelación de los elementos (Nunnally, 1978). Finalmente, para la estructura unidimensional, el coeficiente de consistencia interna resultó de 0,87, el cual puede considerarse un buen indicador de confiabilidad.

La inspección de los resultados de confiabilidad y cargas factoriales, en cada uno de los modelos contrastados, reveló que el comportamiento de algunos ítems no fue satisfactorio; es decir, algunos elementos aportaban poco a la explicación de los factores. Se identificaron estos elementos y, para precisar el modelo estructural, se evaluó nuevamente la escala de PDM, en una versión unidimensional. Se retuvieron los mejores indicadores de la variable latente (Jöreskog, 1993), estableciendo en 0.40 el punto de corte para las cargas factoriales estandarizadas, para lograr la versión más parsimoniosa y con el mejor ajuste.

Esta medida depurada con 16 ítems se sometió a examen con el mismo conjunto de 366 datos. La última versión de la escala quedó integrada por 16 ítems y el análisis revela un mejor ajuste para esta versión (RMSA: 0,040; SRMS: 0.083; CFI: 0.979 y TLI: 0.976). La medida resultó confiable, tal como lo indica el valor del coeficiente Omega de 0.88; asimismo, todas las cargas factoriales se encuentran por encima de 0.41. Los resultados mostraron que la escala de 16 ítems era válida y confiable, y así se dio por concluida esta primera fase del estudio.

En la segunda fase, se confirmó la estructura de la escala de PDM de 16 ítems con los datos de la segunda muestra (N=200). Se siguió el mismo procedimiento de la primera fase para establecer el modelo estructural. La confiabilidad, medida por Omega, resultó aceptable: un valor de 0.81. Los índices para este modelo (Tabla 3) muestran un ajuste a los datos sensiblemente superior al de los modelos previos contrastados.

Tabla 3

Índices de ajuste para el modelo unifactorial con la escala PDM de 16 ítems (N=200)

Unifactorial

Chi cuadrado

138.642 p=0.013

Comparative Fit Index (CFI)

0.964

Tucker-Lewis Index (TLI)

0.959

RMSEA

0.041

SRMR

0.093

La Tabla 4 presenta los ítems retenidos en la versión de validación final de 16 ítems con sus correspondientes cargas de factor. Al mecanismo de desplazamiento de responsabilidad corresponden los ítems con mayores cargas, seguidos por dos ítems del mecanismo de distorsión de consecuencias. En este caso pueden apreciarse cuatro ítems con cargas inferiores a la del criterio adoptado para su selección en la primera fase. Este resultado podría indicar la posibilidad de una reducción ulterior de la escala. Aunque debe considerarse la conveniencia de mantener alguna representación de cada uno de los mecanismos teóricos de desconexión moral (particularmente, el etiquetado eufemístico), puede ser discutible la pertinencia de los mecanismos de atribución de culpa y deshumanización en las racionalizaciones de situaciones de negocios, pues suelen tener mayor efecto en contextos de violencia o abuso.

Tabla 4

Cargas estimadas para la solución de 16 ítems de la escala PDM

Mecanismos

Ítems

Cargas

Justificación moral

1. Es aceptable que alguien difunda un rumor para defender a las personas que quiere

0.344

2. A veces es necesario jugar sucio para lograr un fin noble

0.599

Etiquetado eufemístico

3. Una persona puede tomar algo sin permiso de su dueño, siempre y cuando lo considere un préstamo

0.306

4. Cuando una persona está negociando por algo que quiere, ocultar información es simplemente parte del juego

0.199

Comparación ventajosa

5. Considerando otras cosas ilegales que hace la gente, tomar algo pequeño de una tienda sin pagarlo no es para sentirse culpable

0.494

6. Dañar una propiedad no es gran cosa, si se considera que hay quienes atacan a personas

0.547

Distorsión de consecuencias

7. Irse de una tienda con algún vuelto de más no perjudica a nadie

0.642

8. Se pueden decir pequeñas mentiras al negociar, si nadie resulta perjudicado

0.246

9. No es una gran falta que una persona asuma un reconocimiento por ideas que no sean suyas

0.545

Desplazamiento de responsabilidad

10. Una persona no puede considerarse responsable de un acto cuestionable, si está cumpliendo las órdenes de un superior

0.461

11. No se puede culpar a una persona por portarse mal cuando ha sido presionada por sus amigos para hacerlo

0.721

12. No puede culparse a una persona de violar alguna regla, si eso fue lo que le enseñaron sus líderes.

0.683

Difusión de responsabilidad

13. En un ambiente donde todo el mundo hace trampa, no hay razón para no hacerlo

0.462

Deshumanización

14. A algunas personas hay que tratarlas con rudeza, pues no tienen sentimientos que puedan ser heridos

0.400

15. Se puede tratar mal a alguien que se comporta como una basura

0.429

Atribución de culpa

16. Si a alguien se le viola su privacidad, eso es probablemente porque no tomó precauciones adecuadas para protegerla

0.238

Recapitulando, los índices de ajuste de los diferentes modelos estructurales evaluados de la escala de 24 ítems mostraron deficiencias: ausencia de ajuste según el chi-cuadrado, valores altos en RMSEA y SMRM, y bajos en CFI y TLI. Para la estructura unidimensional, la confiabilidad estimada con el coeficiente Omega (0,87) puede considerarse buena. Considerando que el comportamiento de algunos ítems no fue satisfactorio, en una nueva versión unidimensional se adoptó un punto de corte de 0.40 para las cargas factoriales estandarizadas y se obtuvo una escala depurada de 16 ítems. Con la misma submuestra (N=366), el AFC mostró un mejor ajuste de esta versión (RMSA: 0,040; SRMS: 0.083; CFI: 0.979 y TLI: 0.976). El coeficiente Omega (0.88) fue ligeramente superior y las cargas factoriales estuvieron por encima de 0.41.

Luego, con datos de la segunda submuestra (N=200), se obtuvieron mejores índices de ajuste, si bien el coeficiente Omega resultó ligeramente inferior (0.81), aunque sigue siendo aceptable. Las cargas factoriales mostraron mayor dispersión, lo que lleva a considerar con mayor detenimiento el contenido de los ítems. Un criterio restringido (un punto de corte de 0.46, por ejemplo) dividiría la escala casi a la mitad. Los nueve ítems con mayores cargas (entre 0.46 y 0.72) corresponden a las tres categorías (instancias de desactivación del proceso autorregulador) que pueden considerarse más pertinentes desde una perspectiva de negocios: disipar responsabilidad (por desplazamiento o difusión), distorsionar consecuencias y redefinir la conducta (por comparación ventajosa o justificación moral).

La categoría de culpar a la víctima (por deshumanización o atribución de culpa) suele ser más saliente cuando se estudia la desconexión moral con el propósito de entender y manejar situaciones de conflicto violento; como ha sido el caso, por ejemplo, de Blanco et al, (2022) en Colombia.

En el presente estudio se encontró la mayor preponderancia (las mayores cargas factoriales, en efecto) entre ítems referidos al mecanismo de desplazar la responsabilidad, seguidos por ítems representativos de mecanismos de redefinir la conducta o sus consecuencias. Como explican Schaefer y Bouwmeester (2021), vista como proceso, la desconexión moral consiste en dos modalidades de reinterpretación (que pueden ocurrir simultánea, alternativa o secuencialmente): reinterpretar la moralidad (“mi conducta no es moralmente incorrecta”) o reinterpretar la responsabilidad (“no soy responsable”). Tales son, de hecho, respuestas típicas que encuentran quienes estudian a los protagonistas de sonados escándalos de corrupción; por ejemplo, Soltes (2016).

5. Conclusión

El objetivo de este estudio fue evaluar las propiedades psicométricas de una medida de propensión a la desconexión moral (PDM), dirigida a una población específica y poco estudiada con este tipo de instrumentos en América Latina, como son profesionales y gerentes; en este caso particular, un grupo de participantes en programas de maestría y educación ejecutiva al comenzar sus estudios en una escuela de gerencia de América Latina que exige experiencia laboral a sus estudiantes. Usualmente, los estudios se basan en las respuestas de jóvenes estudiantes de pregrado sin experiencia laboral.

Los resultados de validez de constructo y consistencia interna del instrumento indican que la versión española de 16 ítems ofrece una medida confiable y válida del constructo. De manera congruente con hallazgos y orientaciones previas, la PDM se conceptualiza como un constructo unidimensional que incluye mecanismos distintos, pero relacionados, mediante los cuales se explica la desactivación del autocontrol moral; es decir, es multifacética, no necesariamente multifactorial.

En la primera fase, la evaluación de los comportamientos de las versiones de 1, 4 y 8 factores llevo a proponer la solución unidimensional y un instrumento integrado por 16 ítems, como la medida más parsimoniosa. Los índices de ajuste de este modelo unidimensional estuvieron dentro de rangos aceptables, lo cual avala la validez de la medida y, en cuanto a la confiabilidad, los valores hallados permiten afirmar que la medida es internamente consistente. En la segunda fase se llevó a cabo un AFC de la escala de PDM conformada por 16 ítems con una nueva muestra. Se puede afirmar, luego de valorar los índices de ajuste y la consistencia interna, que esta versión es válida y confiable.

La versión de 16 ítems de la escala de PDM evalúa siete de los ocho mecanismos de desconexión moral. Cada mecanismo queda representado por al menos un ítem. En general, el mecanismo más relevante, a juzgar por sus cargas factoriales, es el de desplazamiento de responsabilidad: una forma de racionalización que permite desdibujar el sentido de agencia (no se es responsable de una conducta que no es ejecutada libre y voluntariamente) y, por lo tanto, la implicación ética de la acción.

Este trabajo constituye un aporte al área de ética conductual en términos tanto teóricos como prácticos. La versión evaluada de la escala de PDM resulta un instrumento corto y parsimonioso que puede usarse para medir las orientaciones de estudiantes de escuelas de negocio al inicio y al final de su formación académica, para hacer posible la evaluación práctica de los esfuerzos de las escuelas para formar líderes responsables. Desde el punto de vista teórico, este tipo de trabajos contribuye a contrastar los hallazgos tradicionales, sobre todo en el ámbito estadounidense y con muestras de estudiantes universitarios, al aplicar la escala en América Latina (con posibles efectos de naturaleza cultural) y a grupos de adultos con experiencia laboral en un campo como la gerencia (con posibles efectos de naturaleza organizacional). La materialización de ambos tipos de aportes configura un prometedor programa de investigación de largo plazo.

La recomendación de corto plazo consiste en continuar y ampliar la validación de la escala de PDM. Esta tarea implica, además, adaptar el lenguaje de los ítems a contextos específicos de negocio (con sus creencias y racionalizaciones típicas) y validar el contenido de las nuevas versiones. Luego, este conjunto de elementos debe ser objeto de validación de constructo, preferiblemente mediante análisis factorial confirmatorio, y, finalmente, obtener medidas diferentes y similares al constructo para llevar a cabo la validación convergente y discriminante de la escala.

Referencias bibliográficas

Bandura, A. (1986). Social foundations of thought and action: A social cognitive theory. Prentice Hall.

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